leyendo
Lecturas, Los Pequeamigos te recomiendan, Nuestros libros

Nuestras lecturas

El primer día, el 10 de mayo, como podeis ver aquí , compartimos unas lecturas.

Como se nos echó el tiempo encima, algunas lecturas nos quedaron a medias.

Aprovechamos este espacio para tenerlas completas para todos/as.

La casa de la mosca fosca

La casa de la mosca fosca

De Antonio Rubio e Isidro Ferrer.

Editorial: Kalandraka

“Había una vez una mosca fosca que vivía en el bosque. Harta de zumbar y dar vueltas sin parar, decidió hacer una casa.

– Podré dormir en la cama, podré estar muy calentita, preparar ricos pasteles y recibir mil visitas.

Y manos a la obra, las mosca construyó una bonita casa. Para inaugurar su hogar preparó una rica tarta de moras. Su aroma se esparció por todo el bosque.

Y puso siete banquetas y siete platos en la mesa. No cabía nada más.

Al poco rato llamó a la puerta el escarabajo:

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca. Celebro una fiesta para inaugurar mi nuevo hogar. ¿Y usted quién es?

– El escarabajo carcajo, el que anda hacia arriba y hacia abajo. ¡Qué bien huele! ¿Puedo entrar?

– Claro que sí. ¡Es el primero en llegar!

Y muy contentos los dos decidieron merendar.

Pero cuando iban a empezar pasó por allí el murciélago. Miró la casa, olisqueó la tarta y llamó a la puerta.

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca y el escarabajo carcajo. ¿Y usted quién es?

– El murciélago piélago, que vive en el archipiélago. Tengo hambre ¿Puedo entrar?

– Claro que sí. ¡Es el segundo en llegar!

Y muy contentos los tres decidieron merendar.

Pero antes del primer bocado, pasó por allí el sapo. Olió la tarta y le entro un hambre tremenda.

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca, el escarabajo carcajo y el murciélago piélago. ¿Y usted quién es?

– El sapo castrapo, con pajarita de trapo. ¡Qué bien huele! ¿Puedo entrar?

– Claro que sí. ¡Es el tercero en llegar!

Y muy contentos los cuatro decidieron merendar.

Mas cuando iban a comenzar pasó por el bosque la lechuza. Vio la casa, oyó la fiesta y se acercó.

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca, el escarabajo carcajo, el murciélago piélago y el sapo castrapo. ¿Y usted quién es?

– La lechuza trapuza, con mi bolso de gamuza. ¡Vaya fiesta! ¿Puedo entrar?

– Claro que sí. ¡Es la cuarta en llegar!

Y muy contentos los cinco decidieron merendar.

Pero cuando iban a empezar, pasó por allí la raposa. Olió el pastel y se animó a entrar.

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca, el escarabajo carcajo, el murciélago piélago, el sapo castrapo y la lechuza trapuza. ¿Y usted quién es?

– La raposa chistosa, me río por cualquier cosa. ¡Qué tarta más exquisita! ¿Puedo entrar?

– Claro que sí. ¡Es la quinta en llegar!

Y muy contentos los seis decidieron merendar.

Pero cuando iban a probar el paste, pasó por allí el lobo. Con el aroma del dulce, se le hizo la boca agua y llamó a la puerta.

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca, el escarabajo carcajo, el murciélago piélago, el sapo castrapo, la lechuza trapuza y la raposa chistosa. ¿Y usted quién es?

– Yo soy el lobo rebobo, mi nariz es como un globo. ¡Qué pastel tan suculento! ¿Puedo entrar?

– Claro que sí. ¡Es el sexto en llegar!

Y muy contento los siete decidieron merendar

Cuando por fin iban a probar el pastel, apareció por allí el oso.

Llevaba toda la tarde buscando moras y no había encontrado ninguna. Vio la casa,, oyó la fiesta y pensé: “¿Por qué no me han invitado? ¿Acaso se han olvidado?”. Y llamó a la puerta.

– ¿A quién hago mi visita? ¿Quién vive en esta casita?

– La mosca fosca, el escarabajo carcajo, el murciélago piélago, el sapo castrapo, la lechuza trapuza, la raposa chistosa y el lobo rebobo. ¿Y usted quién es?

– Yo soy el oso chispero, muy glotón y pendenciero. Y el rico dulce de mora me lo comeré…¡Ahota!

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado… ¡De un bocado!”

La mierlita

La mierlita

De Eva Mejuto, a partir del cuento popular ruso. Ilustraciones: Sergio Mora

Editorial: Kalandraka

“Había una vez una mierlita que tenía su nido en un roble.

Acababa de tener cinco hijitos y cantaba muy contenta:

¡Qué contenta estoy;

qué contenta estoy,

a mis cinco merlitos

comida les doy!

Pero cierto día pasó por allí una zorra que le dijo:

¿Por qué estás tan contenta, doña mierlita?

Porque tengo cinco mierlitos que son una preciosidad –contestó la mierlita.

¿Y por qué no me enseña usted uno? –dijo la zorra. Yo tengo una pata quebrada (era mentira) y no puedo subir al roble. Ande, por favor, enséñeme uno para que lo vea.

Bueno, bueno… -dijo la mierlita cogiendo con el pico uno de sus hijos.

Pero a la zorra, nada más ver al mierlito, empezó a hacérsele la boca agua y le entraron unas ganas enormes de comérselo.

Y entonces dijo a la mierlita:

Pues si no me das ahora mismo un mierlito voy a mi madriguera, cojo el jápele-jópele y te corto el roble. Y si te corto el roble, se rompen las ramas; y si se rompen las ramas, se rompe el nido y te quedas sin mierlitos.

La pobre mierlita pensó que si le cortaba el roble con el jápele-jópele, perdería a todos sus hijos, así que muy triste, echó un mierlito a la zorra, que se lo zampó de un bocado y se marchó tan contenta.

Al día siguiente, la mierlita cantaba triste en su nido:

¡Ay, qué triste estoy,

ay, qué triste estoy,

a mis cuatro mierlitos

comida les doy!

Volvió a pasar por allí la zorra, y parándose bajo el roble, le dijo:

Si no me echas otro mierlito, iré a la madriguera a por el jápele-jópele y te cortaré el roble. Y si te corto el roble, se rompen las ramas; y si se rompen las ramas, se rompe el nido y te quedas sin mierlitos.

Y la mierlita, por miedo a perder a todos sus hijos, cogió otro mierlito con el pico y se lo echó a la zorra, que se lo zampó de un bocado y se marchó tan contenta.

Al día siguiente, la mierlita cantaba muy triste en su nido:

¡Ay, qué triste estoy,

ay, qué triste estoy,

a mis tres mierlitos

comida les doy!

Y otra vez pasó por allí la zorra; y parándose bajo el roble, le dijo:

Si no me echas otro mierlito, iré a la madriguera a por el jápele-jópele y te cortaré el roble. Y si te corto el roble, se rompen las ramas; y si se rompen las ramas, se rompe el nido y te quedas sin mierlitos.

Y la mierlita, por miedo a perder a todos sus hijos, cogió otro mierlito con el pico y se lo echó a la zorra, que se lo zampó de un bocado y se marchó tan contenta.

Al día siguiente, la mierlita cantaba muy muy triste en su nido:

¡Ay, qué triste estoy,

ay, qué triste estoy,

a mis dos mierlitos

comida les doy!

Y otra vez pasó por allí la zorra; y parándose bajo el roble, le dijo:

Si no me echas otro mierlito, iré a la madriguera a por el jápele-jópele y te cortaré el roble. Y si te corto el roble, se rompen las ramas; y si se rompen las ramas, se rompe el nido y te quedas sin mierlitos.

Y la mierlita, por miedo a perder a todos sus hijos, cogió otro mierlito con el pico y se lo echó a la zorra, que se lo zampó de un bocado y se marchó tan contenta.

Al día siguiente, la mierlita cantaba muy muy muy triste en su nido:

¡Ay, qué triste estoy,

ay, qué triste estoy,

a mi mierlito

comida les doy!

Entonces acertó a pasar por allí el alcaraván, que había estado unos días en las bodas de su prima, la golondrina.

Y al ver tan triste a la mierlita, le preguntó que qué le pasaba; y ésta le contó cómo la zorra se había ido comiendo a sus hijitos porque la amenazaba con contarle el roble con el jápele-jópele.

¿Pero cómo es posible que te hayas dejado engañar así? Con el jápele-jópele no se cortan los roble, que se cortan con hachas de acero, y brazos de niño, de niña, de mujer y de hombre.

Pues ahoradijo el alcaraván-, vas a cantar muy contenta:

¡Qué contenta estoy,

qué contenta estoy,

a mi mierlito

comida le doy!

Y otra vez apareció la zorra, debajo del roble, y le preguntó a la mierlita:

¿Por qué estás tan contenta? ¿No sabes, acaso, que vengo a zamparme al último mierlito que te queda? Y si no me lo echas, iré a la madriguera a por el jápele-jópele y te cortaré el roble. Y si te corto el roble; se rompen las ramas; y si se rompen las ramas, se rompe el nido y…

Los robles no se cortan con el jápele-jópele, que se cortan con hachas de acero y brazos de niño, de niña, de mujer y de hombre.

¿Quién te lo ha dicho? –jopeó rabiosa la zorra.- Seguro que ha sido…¡la tórtola!

¡Nooo!

Pues…¡el cuco!

¡Nooo!

¿Ha sido el alcaraván…? ¡Ha sido el alcaraván!

Y el alcaraván, al oír su nombre, empezó a volar y a volar hasta que tuvo sed y bajó a una alberca a beber agua.

Y cuando estaba bebiendo agua, llegó la zorra, y lo atrapó entre sus dientes, dispuesta, claro, a zampárselo como había hecho con los cuatro mierlitos.

Pero el alcaraván, que era muy astuto le dijo:

Ay zorrita, no me comas; pues los alcaravanes no estamos buenos si antes de comernos no dicen tres veces: ¡Alcaraván, comí! ¡Alcaraván, comí! ¡Alcaraván, comí!

Y la zorra, que era muy glotona, abrió la boca para decir tres veces ¡Alcaraván, comí! ¡Alcaraván, comí! ¡Alcaraván, comí!

Entonces aprovechó el alcaraván para escaparse volando, al tiempo que gritaba:

¡A otro tonto, pero no a mí!

Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Y quien no levante el culo, se queará pegado.”

La Princesa diferente (Guillermo Vázquez Esteban)

El libro parlanchín (Sofía González González)

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: